SlideShow


Veure La Barcelona de Méndez en un mapa més gran
2

Robador

«La calle de Robador estaba en plena ebullición hacia las seis de la tarde, cuando el policía Méndez la enfiló viniendo de la calle de San Pablo, que en ese sector alcanza su nivel más selecto, al menos tal como Méndez ha entendido siempre eso de la selección. Entró en un bar (el barrio siempre le había parecido fino porque casi todas las calles tienen nombre de santo, o lo que es mejor de santa) y pasó un rato hablando con la Cleo, que ahora estaba hecha una ruina, siempre amarrada a una copa de coñac de garrafa, pero que en los años cuarenta había sido una puta de mucha consideración y mucho respeto y encima una mujer de bien, porque a los policías no les cobraba».







«Luego enfiló definitivamente hacia arriba la calle de Robador, que no tiene ni dos metros de ancho en la calzada y cuyas aceras apenas permiten el paso de un hombre. Allí aspiró hondo los efluvios del café de recuelo, del whisky no te fijes, del sudor de puta y de la alcantarilla sálvese quien pueda».


«Méndez siguió calle arriba. Como, hacia su mitad, Robador forma un levísimo ángulo, desde el principio, si hay público, no se acaba de ver el final, y parece más larga. A la salida de lo que habían sido “El Jardín” y “La Gaucha”, casas de pro en la Barcelona del métela rápido, los hombres que no tenían para pagarse un polvo se alineaban ahora en la estrecha acera y miraban a los tíos y tías que entraban en los meublés, imaginando lo que habrían hecho dentro; y quién sabe si de aquí sacaban la materia prima para la delicada orfebrería de sus sueños. El caso era que allí entrabas con una mujer y a la salida tenías público dispuesto a aplaudirte si hacía falta».

Las calles de nuestros padres



«Fui esta vez a la calle Robador, que está entre las de Hospital y San Pablo, como usted sin duda verá si tiene a mano una guía de la ciudad convenientemente desinfectada. La calle Robador fue en otros tiempos menestral y tranquila, y hasta en la época de los prostíbulos populares, como La Gaucha y El Jardín, que le dieron tanta fama entre los penes de menor cuantía del país, un niño de primera comunión hubiera podido pasar por allí sin ver otra cosa que mucha gente que entraba y salía por las puertas. Luego la calle se llenó de bares con caras lívidas, luces color violeta, porque las oscuras obreras habían sido puestas en los bordillos y los niños de primera comunión ya no pudieron pasar por allí y si pasaron peor para ellos».


«Allí, en Robador, señorita Jou, no se podía hacer nada sin que se te metiese en la bragueta el codo de alguien. Cada portal, cada reflejo de la luz hubiese merecido una frase de Gómez de la Serna, pero no mereció un pensamiento mío».

Expediente Barcelona




2 comentarios:

Cavan

yo naci en robadors 32 en el bar Zaragoza en el año 65. vivía en el bar y veía a las mujeres dentro del bar con la pierna apoyada en la pared y hablando con hombres. a mi me decían que es que eran amigos.
me gustaría poder hablar con el autor de esta columna. karmamen@hotmail.es
gracias

BIBLIOTECA LA BÒBILA

Hola, estos dos textos están extraídos de "Las calles de nuestros padres" y "Expediente Barcelona", dos libros de Francisco González Ledesma

Publica un comentari a l'entrada

 
Política de cookies